Es imposible no sentir el sofocante calor que envuelve a varias ciudades del mundo, sobre todo las que se ubican muy cerca de los trópicos y el ecuador. La contaminación vehicular, los incendios forestales, y otros agravantes, convierten nuestro espacio en un ambiente irritable.

¿Cuántas veces no hemos escuchado “Calentamiento Global”? Como habitantes del mundo, ¿hemos hecho algo al respecto? La situación que se vive hoy en día en el Ártico, sobre todo la disolución del hielo marino, está afectando el clima global y en cada rincón puede sentirse.

El Ártico junto con la Antártida, son dos “refrigeradores” indispensables para el equilibrio en la temperatura de la tierra. Si uno falla, es un hecho que sentiremos más calor y si ambos fallan, es muy seguro que no vamos a sobrevivir como humanidad.

El efecto invernadero que estamos provocando es alarmante. Especies que residen en las regiones del Ártico y Polo Norte están modificando sus comportamientos y hábitos ordinarios para poder resolver sus necesidades. La temperatura oceánica repercute en los organismos que dependen del hielo marino para multiplicarse y alimentar a un gran número de especies acuáticas.

Las morsas son unos de esos seres vivos que han mostrado cambios preocupantes en su comportamiento, siendo las que radican en el Pacífico las más afectadas. El hielo marino para ellos representa lugares para descansar, para alimentar y criar a los recién nacidos, para protegerse de las tormentas y para salvarse de algunos peligros.

Especialmente para las madres y sus crías, la reducción y pérdida del hielo marino es sinónimo de estrés a causa del descenso del número de presas cerca de sus lugares de descanso. Esto los obliga a tener que gastar más energía nadando de ida y de regreso, lo que aumenta el agotamiento y la depredación hacia las crías.

En 2011 se detectaron enormes colonias de morsas con más de 10,000 ejemplares en una isla remota del mar de Chukchi, esto como resultado de la falta de hielo marino. Las estampidas que esto origina por falta de espacios también ha causado gran porcentaje de muertes por aplastamiento o asfixia en los congéneres más pequeños. Los ruidos realizados por helicópteros o aviones para estudiar las zonas, de igual forma pueden ocasionar alteraciones en los miembros y provocar que huyan al agua pasando por encima de todo lo que hay a su paso, séase morsas enfermas, jóvenes, ancianas, o crías.

Las masivas congregaciones de morsas con motivo del calentamiento global es un riesgo latente para el brote de las enfermedades. Un virus mortal que contagie a una, acabará con una población de miles de ellas. Esto ya se ha visto con focas anilladas, por lo que no se descarta la posibilidad de que ocurra en las morsas.

Las mediciones del hielo se comenzaron a realizar en 1979 cuando se comenzaban a notar los estragos del cambio climático en el mundo. En septiembre del 2012 el hielo cubría 55% menos de lo que se midió hace poco más de 30 años.

Recordemos que las morsas y todos los animales árticos dependen de los organismos marinos que se desarrollan en ese medio ambiente para alimentarse y de los bloques de hielo flotante para llevar a cabo varias etapas de su ciclo de vida. Debemos reducir las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero y darle un “respiro” de aire puro a nuestro planeta. ¿Qué pasaría si nos quedáramos sin aire acondicionado en las épocas más calurosas? ¿Podríamos soportarlo? Y después, ¿Qué pasará con el resto de la fauna mundial?