El proceso de reproducción de las morsas está compuesto por interesantes etapas. Las batallas entre machos que arriesgan su propia vida, el cortejo, la gestación y el cuidado de la cría guardan fascinantes detalles que difieren de todas las especies de pinnípedos.

Son animales polígamos, es decir, ellos se aparean con varias hembras y las atraen por medio de vocalizaciones fuera y dentro del agua. Los machos son agresivos durante esta temporada y las vocalizaciones que emiten también sirven para advertir a otros individuos que no se arriesguen a entrar a su territorio, sin embargo estas señales muchas veces son ignoradas y es cuando los enfrentamientos, sangrientos y mortales en determinados casos, se llevan a cabo. Por lo general el más grande, fuerte y con los colmillos más largos es el que logra obtener la victoria.

Las hembras alcanzan la madurez sexual entre los cinco y los siete años de edad, mientras los machos lo hacen entre los siete y diez años, pero no logran aparearse hasta llegar a los 15 años que es cuando tienen un físico desarrollado para luchar contra sus contrincantes.

Las congregaciones de hembras y machos se dan en las costas, pero el apareamiento se realiza dentro del agua. Las hembras que están en celo se separan de las embarazadas y los machos solo se acercan a las del primer grupo. Un solo macho puede aparearse con 23 hembras. Después del cortejo, la cópula y todo lo que conlleva la etapa reproductiva, ellos vuelven a reunirse a sus grupos correspondientes, conformados por machos exclusivamente.

Reproducción de las morsas.

Adulto con su cría.

Entre enero y abril es la temporada de apareamiento, por lo que los nacimientos se presentan entre los meses de abril y junio del siguiente año. Tienen una cría cada tres años y su período de gestación se completa en 15 o 16 meses, pero dentro de ese tiempo, la implantación del óvulo demora los primeros tres o cuatro meses. Dan a luz a gemelos en muy raras ocasiones.

El tamaño de las morsas al nacer es de alrededor de 1.20-1.40 metros de largo y 60 kg de peso y son capaces de nadar desde el primer instante que tocan el agua. La leche que los recién nacidos reciben de su madre contiene un 30% de grasa, 60% de agua y entre 5 y 10% de proteína. En pocas semanas logran tener un tamaño más robusto y la coloración de su piel cambia de rojizo a marrón.

Los pequeños acompañan a sus madres a las travesías de búsqueda de alimento montándose en su espalda. A los seis meses comienzan a probar alimentos sólidos aunque no constituyen la mayor parte de su dieta. Generalmente permanecen con su madre hasta los dos años, pero si la hembra no se embaraza de nuevo, se quedan un poco más de tiempo.

Madres y crías son muy comunicativos y utilizan sus aletas y vibrisas para tener contacto entre sí. Algunas de ellas se alejan de la colonia para dar a luz y muestran actos de protección y contacto físico. Se ha llegado a observar que minutos después del nacimiento en el mar, cubren a la criatura con sus aletas y la sostienen sobre el pecho, posición que nos recuerda a madres humanas con su pequeño bebé.

Su expectativa de vida es de 20 a 30 años en estado salvaje y tienen el más bajo índice de reproducción de las especies de pinnípedos, pero se compensa con el bajo índice de mortalidad que presentan las crías, a comparación de otros seres vivos del reino animal. El tamaño que tienen desde pequeñas y la vigilancia de la madre, son dos grandes razones para sufrir poca depredación y completar con éxito todo su ciclo de vida.