Fotografía de Beverly B. Dobbs, National Geographic.

El diccionario define el marfil como una materia dura y compacta de la cual está formada la dentadura de los vertebrados. Pero para los cazadores la definición podría ser: material resistente y muy apreciado que se utiliza para fabricar cientos de objetos decorativos y de uso humano, vendidos a precios muy elevados. El uso y comercio del marfil ha sido tema de debates de alcance internacional, puesto que por un par de colmillos se necesita acabar con la vida de un ser vivo.

Desde la década de 1800 la población de las morsas ha sido reducida por la captura humana, y desde ahí el número de individuos presenta altas y bajas continuamente. En tres ocasiones se ha logrado una recuperación significativa, sin embargo los modernos problemas ambientales se suman a su descenso poblacional.

Con motivo a la problemática del comercio de marfil, se han pensado soluciones para seguir obteniendo este material sin tener que lastimar a las morsas. La propuesta de dormirlos y adquirir sus colmillos puede parecer menos despiadada, pero recordemos que los machos basan su jerarquía social por medio del tamaño de los colmillos y tanto a ellos como a las hembras les sirve para defenderse de sus depredadores. No hay razón alguna para sustraer partes de la anatomía de una especie por cuestiones de capricho humano.

Peines, colmillos grabados, bastones, cofres, esculturas y otras creaciones de marfil son sinónimo de estatus social entre las culturas del hombre. Poseer un objeto de tal elemento refleja el poder adquisitivo de una persona o familia, razón por la cual el problema de la caza aún no termina, pues cuestiones de dinero están de por medio.

Los grupos indígenas que residen en el Ártico utilizan los huesos, grasa, piel y la carne de la morsa para sobrevivir. Algunos afirman que mientras se trate de supervivencia es aceptable, sin embargo hay grupos defensores que están tratando de encontrar otro tipo de solución para que tales grupos no tengan que recurrir a la matanza.

En ámbitos de religión y cultura, las morsas juegan un papel importante dentro de varios grupos sociales que radican en el Ártico.

Las pieles y huesos son empleados para fabricar instrumentos ceremoniales. Estos animales son personajes principales en leyendas y mitos que circulan en aquellas regiones, y también se realizan bailes con relación al mamífero. Para las representaciones utilizan máscaras y otros accesorios corporales hechos con hueso de morsa así como también se tallan y graban los colmillos para muestra de su arte popular.

Las comunidades Inuit, Yupik, Inupiaq, Chukchi y Koryak continúan haciendo uso del marfil para cuestiones tradicionales. El arte del grabado de marfil es una actividad que se volvió popular en Rusia durante la época de la Edad Media, en donde incluso se crearon escuelas para aprender las mejores técnicas.

Los métodos de captura llegan a ser bastante hostiles. La gran mayoría de las morsas son cazadas en el mar, ya sea por medio de disparos o con herramientas punzocortantes. Alrededor de un 42% de las morsas que reciben disparos se pierden antes de que puedan ser recuperadas por el cazador.

De 4,000 a 7,000 morsas del Pacífico son liquidadas en Alaska y Rusia cada año. Esto es preocupante al recordar que su estado de conservación se desconoce y que algunas poblaciones están más reducidas que otras. Hace falta una investigación más profunda sobre el número de habitantes de las morsas y con base a eso crear planes de conservación que las mantenga fuera de la caza ilegal.

Mientras tanto, por nuestra parte podemos colaborar a la erradicación de su mercado ilícito no adquiriendo productos de su procedencia; es mejor difundir información sobre su ciclo de vida y su rol en el medio ambiente para que el público valore su importancia y actúe a favor de ellos.