¿Acaso un animal tan grande y que está equipado con dos largos colmillos puede tener depredadores? la respuesta es que sí, pero el punto a favor es que precisamente por ese tamaño y características defensivas, la morsa no tiene muchos enemigos naturales, solo unos cuantos.

En tierra y en agua son atacados por dos fuertes oponentes, pero su permanencia en grandes grupos hace que sean presas menos fáciles. Su gruesa piel y ambos armamentos de marfil son dos obstáculos difíciles de eludir.

Las orcas representan peligrosos adversarios principalmente para las crías. Cuando las pequeñas inexpertas se separan de su madre, las orcas aprovechan los escasos segundos antes de que estas se reúnan de nuevo con el grupo. Su falta de habilidad para nadar con velocidad es motivo para que sean víctimas de los enormes cetáceos.

Los osos polares son los depredadores terrestres más grandes de las regiones árticas, y por lo tanto, las morsas son vulnerables a su ataque. No son la primera opción de estos osos, sin embargo, en temporadas de escasez de alimentos se ven obligados a buscar presas más difíciles. Los colmillos de la morsa son armas mortales que solo un oso polar adulto con experiencia puede tratar de esquivar, es por eso que eligen a las crías o a los más débiles.

El enfrentamiento entre una morsa y un oso polar es muy agotador, principalmente para este último, quien a veces desiste en su esfuerzo por convertirla en su víctima. Casi nunca vamos a ver a un oso polar agrediendo a un macho sano, pues lo más probable es que salgan muy heridos.

Lo primero que hace una morsa cuando percibe la llegada de un Ursus maritimus es huir al agua, ya que el depredador blanco es menos hábil en ese terreno y se encuentra en desventaja. Es por ello que sus reacciones de agresión incrementan y se lanzan contra los pinnípedos que permanecen en tierra antes de que queden fuera de su alcance.

Enemigos naturales de las morsas.

Orcas, depredadores de morsas.

Entre morsas también se han presentado casos de muertes por batallas sangrientas. Las heridas que los machos se ocasionan con la punta de los colmillos son profundas, y a pesar de que tienen una gruesa piel, la fuerza ejercida en sus movimientos de pelea es suficiente para terminar con la vida de los más débiles.

Virus y parásitos

No podemos olvidar a los virus y parásitos que también forman parte del ecosistema ártico. Los parásitos se aparecen de forma interna y externa, de manera que afectan órganos del interior del cuerpo así como a la epidermis. Virus del género Trichinella se obtienen por la ingesta de sus presas contaminadas o la carroña y se instalan en el intestino causando dolor. Otro virus común es el Toxoplasma gondii que se obtiene de la carne cruda de seres bivalvos, los preferidos de las morsas; esto es causante de la toxoplasmosis que en casos graves es mortal.

La brucelosis es un microorganismo que afecta la vida de mamíferos marinos como las morsas, focas, delfines, ballenas, entre otros. Afectan la reproducción y se contagia rápidamente a las crías que se encuentran desarrollándose dentro de la madre. Se desconoce el porcentaje de mortalidad, pero decesos ocurridos en recién nacidos y crías indican que la infección provocada es peligrosa.

Después de mencionar a los organismos que representan una amenaza para las morsas, ninguno de los rivales anteriores se compara con la crueldad del hombre. La matanza de morsas para beneficio humano es una actividad que se lleva a cabo desde muchos años atrás por cazadores de Noruega, Rusia, Canadá, Estados Unidos, Groenlandia y Gran Bretaña.